El sol de la tarde se filtraba entre las cortinas del café mientras Valeria revolvía distraídamente su taza de té de manzanilla. Había insistido en salir del penthouse, necesitaba aire fresco y un poco de normalidad después de semanas de encierro. Andre, el guardaespaldas de confianza de Aleksandr, permanecía dos mesas más allá, fingiendo leer un periódico mientras vigilaba cada movimiento a su alrededor.
—¿Más azúcar, señorita? —preguntó la camarera.
Valeria negó con la cabeza y acarició su vie