El silencio que reinaba en el penthouse era tan denso que podía cortarse con un cuchillo. Valeria permanecía sentada en el borde de la cama, con la mirada fija en la ventana mientras la lluvia golpeaba el cristal con furia, como si reflejara la tormenta que se gestaba en su interior. Llevaba tres días sin apenas dirigirle la palabra a Aleksandr, tres días desde que había descubierto aquellos documentos en su oficina.
La puerta se abrió de golpe. Aleksandr entró con paso firme, su rostro una másc