Mundo ficciónIniciar sesiónViktor Kozlov llegó como una tormenta, no con sutileza ni estrategia cuidadosa, sino con la fuerza bruta de alguien que ya no tenía nada que perder.
El rugido de los helicópteros rompió la quietud de la madrugada suiza, sacudiendo las ventanas reforzadas de la casa mientras tres aeronaves militares descendían sobre el perímetro como aves de presa. Valeria sintió el suelo vibrar bajo sus pies cuando los primeros vehículos blindados atravesaron las barreras exteriores, destrozándolas como si fueran de papel.
—¡Todos a sus posiciones! —la voz de Aleksandr resonó por el sistema de comunicación interno, serena pero cargada de urgencia letal—. Irina, evacúa a los niños. Ahora.
Valeria corrió hacia la ventana del segundo piso, ignorando el dolor punzante de sus heridas apenas cerradas. Lo que vio la dejó sin aliento: al menos treinta hombres







