El silencio en el apartamento del piso veinte se había vuelto tan denso que parecía una presencia más habitando aquel espacio. Tres días habían pasado desde que Valeria había regresado tras descubrir la traición de Zoe, tres días en los que apenas se habían dirigido la palabra más allá de lo estrictamente necesario.
Valeria recorría el pasillo hacia la cocina, descalza y con el cabello recogido en una coleta desordenada. Su vientre, ahora más prominente a las trece semanas, era un recordatorio c