La luz roja intermitente de las alarmas bañaba las paredes de ladrillo del pasillo subterráneo, otorgándole a la escena un matiz carmesí que recordaba a la túnica que Caspian vistió durante su proclamación en el Gran Salón. El sonido del silbato magnético de alta frecuencia se incrustaba en los oídos de Sia, provocándole una punzada de dolor detrás de los ojos que amenazaba con nublar su visión. Ella permanecía inmóvil, sintiendo el suelo de tierra húmeda bajo sus pies y las corrientes de aire