—¡Cállate! —le gritó, dando unos pasos hacia el trono—. Estuviste encerrada en las tierras bajas mientras nosotros derramábamos sangre para mantener este palacio en pie. No tienes derecho a venir aquí a decidir quién es el dueño de esta casa.
—Soy la guardiana de las tradiciones —respondió la anciana, y sus ojos brillaron demostrando que aún estaba bajo el influjo del mal, dio un paso al frente para salir por completo de las sombras. Su túnica de lana gris estaba sucia en los bordes, pero su po