Sia apretó los dientes, tragándose el nudo de horror que amenazaba con ahogarla. Acomodó el cuerpo ciego de Valerius contra su costado, sintiendo el temblor de sus dedos delgados buscando un punto de apoyo en sus hombros. La vulnerabilidad del ex Alfa, un hombre que antes gobernaba con la mirada, ahora reducido a la oscuridad absoluta por proteger a su sangre, encendió en el pecho de la paria una mezcla de furia y un afecto retorcido, pasional, que barrió con los últimos restos de su fatiga.
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