La voz del Rey de las Sombras se extinguió en las alturas del salón, pero el impacto de sus palabras continuó aplastando el ánimo de los hombres congregados en el mármol negro. Sia no apartó los ojos de la figura de su madre. La visión de aquella mujer delgada, con el cabello largo enredado en la ceniza y el cuello oprimido por los eslabones pesados de hierro, despertó una tempestad en su vientre que hizo vibrar el Cristal con una fuerza renovada. El lino vestido, desgarrado en los costados y m