78. Su compañera
Lana tenía el cabello mojado pegado a su espalda, la respiración aún entrecortada y el cuerpo tembloroso por lo que acababa de suceder entre ellos, intentó apartarse, alejarse de su toque inquietante pero Eryx no se movió.
Si pensaba que la dejaría ir tan fácilmente estaba muy equivocada, la alzó sin esfuerzo cargándola contra su pecho desnudo como si fuera suya.
Porque lo era y necesitaba dejárselo claro.
Desde que la había tomado en su celo no podía apartar las manos de ella, ni siquiera po