60. No hoy
Lana abrió la boca, mirándolo a los ojos firmemente antes de pasar su lengua por su labio inferior y responder con hambre, temblorosa, aunque sus mejillas se sonrojaron inevitablemente.
—Lo quiero, ahora.
Ni siquiera tuvo terminar de decir, completamente las palabras, cuando él se ciñó a ella.
Las manos de Eryx recorrieron su cuerpo como si lo memorizara.
Como si hubiese estado esperándola toda su vida.
Los muslos de Lana se abrieron por inercia.
No por sumisión.
Por necesidad.
Porque dolía.
Po