59. Su cuerpo ya había elegido
De repente, todo cambió, parecía como si Lana con aquellas palabras, hubiera cortado las cadenas de una bestia que había esperado demasiado.
Como si hubiera arrancado el último hilo de autocontrol que quedaba.
Eryx ya no pensó.
No evaluó.
No midió.
Se entregó a aquel beso, la tomó por la nuca, tirando de ella hacia su cuerpo y sus labios la poseyeron urgentemente con una mezcla de rabia, deseo y una necesidad tan antigua como el tiempo.
No hubo lentitud.
No hubo caricia.
Solo hambre.
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