61. No vas a salir
La habitación estaba en penumbras.
Lana abrió los ojos lentamente sintiendo que el calor del cuerpo de Eryx ya no estaba a su lado. La sábana desordenada aún conservaba su aroma salvaje, masculino, poderoso.
Pero de él no quedaba rastro.
Y el recuerdo de lo que había pasado la noche anterior ardía entre sus piernas como un tatuaje invisible que no quería llevar.
Durante toda la noche, le había hecho suya sin parar porque ninguno de los dos quería, sin embargo, ahora la vergüenza de haber desper