151. Nadie amenaza lo que es mío
La sangre de Nina aún estaba tibia en su piel y le producía una sensación pegajosa, un recordatorio de lo que acababa de hacer. No sentía culpa, solo una liberación profunda, como si hubiera cortado el último hilo que la ataba a su pasado de humillaciones.
Pero no podía presentarse así ante sus cachorros. No con las manos manchadas de muerte.
Subió las escaleras hacia la habitación que había compartido con Eryx, se despidió y agradeció a la hembra que había estado cuidándolos y enseguida se di