152. Nunca fue ninguna otra
Eryx no olía a sangre, lo que quería decir que él no mató a su madre.
—Has venido demasiado pronto, pensé que terminarías con todos.
—Ese es un deleite que disfrutaré, aún me faltan quienes más te hicieron sufrir con ese maldito ataque, pero nadie saldrá impune. Ni siquiera tu padre, pagará por todo lo que te hizo, de hecho, ya ha empezado a hacerlo. Tomaremos su manada como tuya, compañera. Pondré el mundo a tus pies y a nadie le quedará duda lo que somos capaces de hacer a quien intenta joder