144. Conversaciones de amigas
Cuando llegaron a la habitación de Zoe antes de que pudieran tocar, la puerta se abrió desde dentro con un leve chirrido.
Caius salió, su cabello estaba revuelto, varios mechones estaban cayendo sobre su frente de una forma inusual en él, siempre tan impecable. Un rubor sutil teñía sus mejillas y sus ojos evitaron directamente los de ambos durante una fracción de segundo antes de inclinarse en respeto.
—Alfa. Luna —saludó, su voz sonó firme pero con un matiz de sorpresa que no pudo ocultar del t