Scott no dio un portazo al salir del club, pero el impulso le estremeció la muñeca. Eso, por sí solo, era una señal de alarma. Él casi nunca reaccionaba por impulso. No estaba hecho así. El control era algo que había convertido en hábito, tallado en su columna como una segunda estructura ósea.
Pero en el momento en que Sofia lo miró como si fuera una molestia, como si fuera ruido… algo dentro de él se tensó de golpe. Intentaba entender qué había cambiado. Estaban empezando a conocerse, había un