Sofía gimió, parpadeando contra la luz de la mañana que se filtraba por las cortinas. Le palpitaba ligeramente la cabeza. Se dio la vuelta, con el cabello desparramado sobre la almohada como un halo desordenado, y trató de reunir la energía para enfrentar el día. No es que tuviera muchas opciones.
Cuando por fin se incorporó, un olor a café —¿o era pan tostado quemado?— flotaba desde la sala. Su aturdimiento no mejoró al ver a Jasmine, quien ya estaba pegada a su teléfono, caminando de un lado