Belinda llevaba semanas observando a Sofía. No de forma obvia, ni de la manera en que las chicas inseguras miran demasiado o susurran demasiado alto.
Belinda se enorgullecía de su sutileza. De su capacidad de observación, de saber leer una habitación sin que nadie se diera cuenta de que los estaba analizando.
Y algo en Sofía no cuadraba. No era celos. Dios, no. Belinda casi se ríe ante la idea. ¿Celosa de eso? ¿De una chica que parecía haber entrado al club por accidente? No tenía sus curvas, n