Milán
La mansión Romano nunca se había sentido tan inquieta y fría. Los suelos de mármol brillaban como siempre, pulidos a la perfección, reflejando las ornamentadas lámparas de araña que colgaban como constelaciones congeladas en las alturas. Cada mueble estaba exactamente donde siempre había estado; siglos de disciplina, riqueza y tradición tallados en piedra y madera. Y, sin embargo, la casa se sentía perturbada. Como si supiera que algo andaba mal, que algo faltaba.
Ina Romano caminaba de un lado a otro. Sus tacones de aguja kitten heels de Louis Vuitton chasqueaban con fuerza contra el suelo mientras se movía de la sala al pasillo, luego hacia los altos ventanales que daban a los jardines, solo para dar media vuelta otra vez. Juntaba sus manos, las soltaba, se frotaba las palmas contra los brazos como si intentara quitarse de encima una sensación que se negaba a abandonar su cuerpo. Inquietud. Esa era la única palabra que encontraba para describirlo.
—Ina, necesitas calmarte —dij