Milán
La mansión Romano nunca se había sentido tan inquieta y fría. Los suelos de mármol brillaban como siempre, pulidos a la perfección, reflejando las ornamentadas lámparas de araña que colgaban como constelaciones congeladas en las alturas. Cada mueble estaba exactamente donde siempre había estado; siglos de disciplina, riqueza y tradición tallados en piedra y madera. Y, sin embargo, la casa se sentía perturbada. Como si supiera que algo andaba mal, que algo faltaba.
Ina Romano caminaba de u