Cap. 46: Tu vida ahora está en mis manos.
El trayecto de regreso fue silencioso. Teo se quedó dormido en el asiento trasero antes de que salieran del parque. Tenía una manito sujeta al peluche gigante que había ganado, la cabeza apoyada contra el vidrio.
Cuando llegaron al edificio, Iker aparcó frente al portal. Salió del auto y con cuidado cargó al niño en brazos.
—Ni se movió —dijo en voz baja.
—Está agotado. Pero al menos se divirtió mucho. Te lo agradezco, Iker. Estaba triste… y tú le devolviste la sonrisa —susurró Amelia mientras a