Cap. 291: Un amor inesperado.
CAP. 108
Teo no necesitó que se lo pidiera dos veces. Se situó detrás de ella, sintiendo el calor que desprendía su piel. Sus dedos largos y ágiles bajaron el cierre con una lentitud tortuosa, revelando la línea de su espalda. No pudo evitarlo; se inclinó y la besó justo donde el cuello se unía al hombro, atrapándola en un abrazo mientras sus manos descendían hacia su vientre, acariciando la suave curva con una devoción absoluta.
—Vera... —murmuró él, buscando sus labios con urgencia.
—Espera —