Cap. 288: Un amor inesperado.
CAP. 105
Armando mantenía la vista fija en la pantalla de su computador, pero sus dedos no se movían sobre el teclado. Tenía la mandíbula tensa y una expresión de duda que rara vez se permitía mostrar. Cuando la puerta de la oficina se abrió y Teo entró con su paso firme y decidido, Armando ni siquiera se inmutó, lo que encendió de inmediato las alarmas del genio.
Teo se detuvo frente al escritorio, observando a su amigo con el ceño fruncido. Su capacidad analítica no necesitaba datos complejos