Cap. 192: Un amor inesperado.
Cap. 9
Había pasado una hora desde que Teo se quedó encerrado en su oficina. Vera sentía su estómago crujir de hambre, había revisado la casa y no había nada. De pronto el genio salió de la guarida.
—Nos rentaron la casa, pero debemos comprar los suministros—avisó Teo, consultando su reloj con un gesto mecánico—. Vamos a la ciudad. Imagino que tienes hambre.
—Imaginas bien —respondió Vera, agarrando su chaqueta de cuero—. Muero por un café cargado.
Teo arqueó una ceja mientras caminaban hacia e