Cap. 224: Un amor inesperado.
Cap. 41
Las mujeres que estaban por marcharse se giraron al unísono, clavando sus ojos en el "extraño" de la capucha. Teo sentía que el sudor frío le bajaba por la nuca.
—¡No! —exclamó Teo, desesperado—. Busco... protección. Ya sabe. Para el... intercambio de... —Se quedó mudo, buscando una palabra técnica que no sonara vulgar, pero su cerebro se había reseteado por completo.
En ese momento, la puerta de la farmacia se abrió y Vera entró, caminando con esa seguridad felina que la caracterizaba.