La gran mansión estaba en silencio, salvo por el taconeo de Vanessa contra el pulido suelo de mármol. Bajó la majestuosa escalera con la cabeza bien alta, su bata de seda ondeando tras ella como una capa. Su expresión era tan fría como siempre, sus penetrantes ojos escudriñaban la sala mientras descendía.
De repente, el sonido de unos pequeños pies corriendo por el suelo interrumpió sus pensamientos.
—¡Mamá! —gritó Camille, su hijita, emocionada mientras corría hacia ella. Los ojos de la niña b