El embarazo que cambió todo.
semanas siguientes, la rutina se volvió un delicado equilibrio entre el monitoreo constante y los momentos de cariño.
Las mañanas iniciaban con una revisión casi frustrante; medidor de presión, revisión del monitor, registro de síntomas. Oliver, que se había convertido en mi inquebrantable guardián, me ayudaba a documentar cada detalle. Yo, por mi parte, aprendí a reconocer los signos de alerta. Los dolores de cabeza, que antes solían ser vagos, se transformaron en mensajes inequívocos de alert