La pasión de mi esposo.
Los segundos que pasaron fueron una tortura, no sabía si mi decisión solo traería discordias en mi familia, o si él realmente podría retroceder a su decisión solo por mí y la promesa que me hizo.
—Oliver. —Dije con voz serena, pero suplicante—. Por favor regresa a la señorita Isabella. No es justo que la hayas despedido y lo sabes.
En aquel instante, mientras las palabras flotaban en el aire y el único sonido era el leve crujido de la mandíbula de Oliver, sentí que mi corazón se detendría.
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