Latidos de un corazón.
Llegó, entonces, un día en que después de una revisión matutina y ante el incesante registro de la enfermera, el teléfono sonó con noticias de un control modificado.
Oliver, con el ceño fruncido, pero la voz decidida, me indicó que el médico especialista quería vernos de inmediato debido a una fluctuación preocupante en mis cifras. La urgencia se palpaba en el ambiente familiar, y mientras el reloj marcaba el paso de cada minuto, mi corazón latía al compás de la inquietud.
El traslado al centro