Cuando llegué a mi casa, Lucas ya me estaba esperando y no tiene buena cara.
—Hey, me estás matando de la intriga —suelto, saludándolo con un beso en la majilla.
—Entremos —fue todo lo que dijo.
Una vez adentro preparamos café y nos sentamos en la cocina.
—Bien, habla de una vez, ya te tuve mucha paciencia –lo insto.
—Bueno, encontraron el escondite de Dany.
—¿Qué? ¿Lo tienen?
-No. Cuando ya llegaron se había ido, el lugar estaba vacío; se movió rápido, estuvo visitando a algunas personas, habl