Desde que llegué, no puedo dejar de revivir ese beso y ese maravilloso orgasmo que tuve en el museo. Ese beso y algo más. Dios, con solo recordarlo mi cuerpo entra en un calor insoportable y mis mejillas comienzan a arder, sin contar el cosquilleo en mi vientre.
—Te gustó —afirmó cuando se apartó con la respiración acelerada.
—Sí —hablé sin pensar, aunque no me lo estaba preguntando.
—A mí también —me besó —. Me gusta cómo te sonrojas cuando te corres —murmuró sobre mi boca, y yo me acaloré de n