—Tenía dos posibilidades con respecto a lo que podías llegar a ordenar y no acerté en ninguna —habla, mientras toma su copa de vino, bebe un sorbo con sus ojos en los míos.
—Ah, ¿sí? Apuesto que una de ellas era que dabas por hecho que iba a ordenar ensalada —azuzo, arqueando una ceja. En realidad me encantan las ensaladas, pero hoy no me apetece; De hecho, lo que se me apetece tiene mucha ropa encima.
—Sí, es lo que hacen las demás chicas —asiente, y ese comentario me molestó un poco. ¿A cuánt