Al llegar a casa traté de subir las escaleras con pasos torpes, pero los brazos de mi hombre me interceptaron y me alzó como si fuésemos recién casados, haciendo que del susto se me escape un chillido. Traté de que me bajara, pero desistí al ver que no seguiría nada. Llegamos a la habitación, cerramos la puerta a su espalda y se dirige hacia la cama; una vez al lado de ella me saca los zapatos, todavía sin bajarme, luego me mira a los ojos de esa manera que hace parecer que ve más adentro de ti