Isabel se hundió en una tristeza abismal tras perder al bebé. No era solo el dolor físico que aún la atormentaba con punzadas insistentes en el vientre; era la sensación de vacío, de pérdida, de inutilidad.
Pasaba los días en su habitación, mirando por la ventana sin ver realmente nada. En un intento desesperado por encontrar consuelo, se acercó a Samantha, esperando que le brindara algo de apoyo, un refugio en medio del caos se sentía tan debil y frágil que sin importar de quién se tratara esp