El silencio que siguió era del tipo que no requería llenarse, el que existe entre dos personas que se conocen bien y que saben que hay momentos en que el otro no necesita respuesta sino simplemente que alguien esté ahí mientras lo dice para apoyarlo.
Eirikr lo dejó estar.
—¿Sabes lo que pienso, Vincent? —dijo finalmente, con esa calma de hombre que ha aprendido a elegir los momentos para hablar.
—¿Qué?
—Pienso que pasamos diez años diciéndonos que esta vida no admite esa clase de cosas. Que el