La consolidación no se veía igual que la guerra.
La guerra tenía fuego, tenía la cadencia urgente de los reportes en tiempo real, tenía el sonido del suelo absorbiendo explosiones y el brillo anaranjado sobre los tejados del barrio industrial. La consolidación, en cambio, era silenciosa y metódica y un poco parecida a la calma que sigue a una tormenta cuando el cielo todavía no ha terminado de asentarse: ese estado intermedio en que el viento ha parado pero el aire sigue cargado y los árboles t