La guarida de Jacovy Mangione no era lo que la mayoría imaginaba cuando pensaba en el cuartel general de un Don.
No había mármol ni candelabros ni la ostentación calculada de quien quiere que el poder se vea desde lejos. Era una casa de dos plantas en el límite sur de Lakewood, de fachada color arena y ventanas pequeñas, rodeada de un jardín descuidado que servía más como perímetro de vigilancia que como decoración. Por dentro, el concreto sin revestir, los pasillos angostos y la iluminación es