La camioneta de Eirikr se había desplazado al punto de observación del sector central. Desde ahí podía ver, a dos kilómetros de distancia, el resplandor anaranjado que subía sobre los tejados del barrio industrial, más vivo de lo que había anticipado, más alto. Las llamas de las bodegas de distribución norte habían conseguido propagarse a un almacén adyacente que, según resultó, también pertenecía a la red de los Gold Toad, lo cual Vincent señaló con el comentario más seco de la noche:
—Una gan