꧁ ISABEL ꧂
Subí al auto que me esperaba frente a la clínica. El cuero olía a nuevo y a una fragancia masculina; las ventanillas, tintadas; el chófer, inmóvil, como si fuera un robot. Me dejé caer contra el respaldo y cerré los ojos un segundo, solo para intentar recomponer algo que ya no existía: mi dignidad.
A medida que avanzábamos, el trayecto me sonó distinto. Las calles se fueron estirando en kilómetros que no recordaba haber recorrido esa mañana. Miré la hora; habíamos tardado el doble. Co