Cada imagen era más desgarradora que la anterior, y lo peor fue llegar a aquella donde el diminuto cuerpo inerte de mi hijo no nacido yacía sobre la fría bandeja de la sala de cirugía, donde atendían a Roxanne.
Lamentaba haber revivido mi dolor de esta manera, lamentaba tener que enfrentar esto de nuevo, porque en realidad me dolía demasiado. Sin embargo, era la única forma de que Renato creyera que lo que sucedía era verdad.
Pero él no estaba tan afectado como Rose. Con sus pocas fuerzas, ella