CAPÍTULO 82

Salvatore Gianluca

Logramos detener el ataque, aunque frente a nosotros todo estaba teñido por un visceral río de sangre. Sacudí la cabeza y me dirigí hacia donde yacía Violetta.

Seguía con vida, custodiada por dos de sus hombres que intentaban auxiliarla. Verla en ese estado me provocó sentimientos encontrados: si la dejaba vivir, seguiría con su maldito hostigamiento; si la mataba, su padre vendría por mí, por todos nosotros. Y la furia de aquel capo era incontrolable.

—Salvatore... ¡máteme!
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