Salvatore Gianluca.
Fruncí el ceño al ver el gesto de mi escolta y respiré hondo, intentando calmarme.
—Bueno, dejemos los sentimentalismos y pongamos la cabeza en lo importante. Necesito que todo esté listo lo más pronto posible. ¿Cuento contigo, Zane?
—Cuenta conmigo, señor.
—Perfecto. Tienes dos días. Son doscientos hombres, no cien, ni ciento cincuenta, son doscientos. Vamos a atacar a Renato de frente, sin rodeos, y depende de ti que la información no se filtre. No le dirás a nuestros ho