Después de unos diez minutos estaba la mesa preparada y los platos servidos, solo había puesto para cuatro. Rosario y Ernest estaban ultimando los detalles para terminar de mudar las cosas para su departamento. Al fin y al cabo el día había llegado y Dante y Berenice se irían de mi lado.
Tenía unas ganas enormes de que se quedaran conmigo, pero no sabía cómo iban a tomar mi proposición, quizás espantara a mi ángel por lo rápido que estábamos yendo, o quizás aceptara gustosa y yo podría disfrut