NARRA EMERSON
En mi larga vida —aunque bueno solo tenía 28 años, pero no importa— este era el mejor sábado de mi existencia. Caminar de la mano junto a la mujer que amaba no tenia precio alguno. Mi relación con Berenice había dado un paso gigantesco. No solo éramos novios oficiales, sino que también habíamos dado el gran paso de dejar que nuestros cuerpos se amaran por primera vez.
Sentir el cuerpo de Berenice acoplarse perfectamente al mío era la mejor sensación que podría haberme pasado. Po