NARRA BERENICE
—¡Ma, ma, ma, ma! —canturreaba mi pequeño Tony pidiéndome más comida.
Por más que lo mirara y mirara, me era imposible creer que estuviera con nosotros. Pasó todo tan rápido que apenas y nos habíamos hecho la idea de un nuevo integrante en la familia.
Pero era verdad, él existía y llenaba nuestros días de alegría y ternura. Era el más mimado de la familia por ser el más pequeño, pero también había algunos altercados con sus hermanos. Tony siempre quería jugar con ellos, pero a