Emocionada por sus palabras dejé a un lado la ensalada y la abracé fuertemente. Carol me hacia recordar mucho a mi madre, sobre todo cuando hablaba de forma tan dulce y maternal. Extrañaba horrores a Miriam, pero ella siempre estaría en mi corazón.
—¡Apuren con las ensaladas, muero de hambre! —la estridente voz de Ernest quitó todo momento emotivo. Reí entre dientes y Carol acompañó mis risas.
Volvimos a la gran mesa para llevar los alimentos que faltaban y cenamos los deliciosos pavos entre