NARRA BERENICE
—Dante vamos a dormir, es muy tarde y mañana tenemos que madrugar —repetí como un disco rayado a mi hijo por… ya ni recuerdo cuantas veces se lo dije.
—Pero quiedo jugad más tiempo con mi auto —refunfuñó sentado en el piso haciendo andar su juguete nuevo.
Mi nuevo jefe —porque eso realmente era ya que no lo reconocía— le regaló a Dante un auto de juguete de su personaje favorito que, seguro, costaba la mitad de mi sueldo. Estaba muy sorprendida por su gesto hacia Dante, pero mi p