Leonard
Ya habíamos llegado a la mansión. Eran las diez de la noche y el cansancio nos caía encima. Analisse caminaba con los pies arrastrados, agotada, casi sin fuerzas. La ayudé a subir al cuarto y, apenas entramos, se dejó caer sobre la cama.
—Estás muy cansada —le dije acariciando su rostro—. ¿Quieres cenar algo?
—No... No quiero cenar nada —respondió apenas en un susurro—. Solo quiero acostarme.
—Entonces acostémonos —le propuse con una sonrisa suave, y me recosté a su lado.
Nos quedamos a