Analisse
Un mes después
Estaba en la habitación de mi bebé, observando con ternura cada detalle que habíamos preparado con tanto amor. La cuna, los pequeños roperos, los adornos en las paredes, todo bien decorados. Mi mamá, sonriente, colocaba cuidadosamente unas ropitas sobre el ropero. Ella misma las había lavado esta mañana con la ayuda de María, a quien ya le había dado permiso para usar la lavadora. Me sentía eufórica, feliz. No solo por la cercanía del nacimiento de mi hijo, sino porque,