Leonard
Después de aquel baile bajo la luz de la luna, la tomé de la mano y entramos a la habitación. El ambiente era acogedor, cálido… como si nos invitara a olvidarnos del mundo y solo existir el uno para el otro. Comenzamos a desnudarnos lentamente. No podía apartar mis ojos de ella. Deseaba hacerle el amor sin descanso, aunque sabía que no podíamos exigirle tanto a su cuerpo, especialmente en su estado. Pero el deseo me ardía en la piel. No podía resistirme más.
—Analisse, muero por hacerte