Diana
Leonardo tomó los papeles de mis manos, los miró durante unos segundos y luego los dejó caer con indiferencia sobre su escritorio.
Me acerqué a él, impulsada por el deseo de sentirlo cerca, de recuperar aunque fuera un poco de lo que alguna vez fuimos. Quise besarlo… pero él me apartó bruscamente. Esa frialdad me hirió, pero no iba a rendirme. No pensaba irme de este lugar sin que me escuchara, sin que al menos me diera una oportunidad. Una sola.
—No pienso rendirme, Leonardo —le dije con